

“La alimentación es una función biológica vital y al mismo tiempo una función social esencial (...). Sus facetas innumerables se ordenan según dos dimensiones por lo menos. La primera se extiende de lo biológico a lo cultural, de la función nutritiva a la función simbólica. La segunda, de lo individual a lo colectivo, de lo psicológico a lo social. El hombre biológico y el hombre social, la fisiología y lo imaginario, están estrecha y misteriosamente mezclados en el acto alimenticio" (Fischler, C.; 1995).
Las personas tienen sus propias preferencias, rechazos y creencias respecto a los alimentos, y muchas son representadas en sus hábitos alimentarios.
En una entrevista publicada por el diario Nacional Clarín, realizada en 2015, a la antropóloga Patricia Aguirre, autora del libro “La construcción Social del Gusto”; explica que “ La alimentación es producto de las relaciones sociales en un tiempo, un espacio y una sociedad determinados”.
De esta manera podemos entender que existen diferentes escalas de análisis que pueden realizarse para definir o caracterizar el gusto. Podríamos pensar en el vínculo existente entre el gusto y la escuela y cuestionarnos si deberían existir espacios, dentro de la escuela, donde se eduque sobre el gusto y los alimentos, ó si existe una necesidad real de que la escuela eduque sobre estos aspectos.
Parecería ser que sobre la escuela también recae la responsabilidad de reforzar el vínculo, no solo en lo personal, sino también en lo conductual entre lo que se come, cómo lo hacen, y el gusto particularmente.
“la adolescencia es un período de transición entre la dependencia de la niñez y la independencia de la edad adulta. En ella, ocurren diferentes cambios biológicos, sociales y psicológicos (…)” (Adolescencia e imagen corporal en la época de delgadez; 2008). Empiezan a tener autoconsciencia de los cambios, una preocupación por el cuerpo y la “ofuscación” por el grado de aceptación que su figura despierta en el grupo de pares (Santrock, 2004). Debido a esto los adolescentes adoptan conductas compulsivas que reducen la ingesta de alimentos o fomentan hábitos alimentarios anómalos. Se pueden distinguir dos tipos de enfermedades relacionadas con el consumo de alimentos:
❖ Enfermedades producidas por ingesta insuficiente de energía y nutrientes (Desnutrición, anorexia, bulimia y otras).
❖ Enfermedades producidas por excesos como la obesidad, entre otros ejemplos.
Estos trastornos alimentarios se producen por un desequilibrio nutricional (Pediatría integral, 2011).
Pierre Bourdieu (Denguin, 1930-2002) “El gusto y las preferencias son formados culturalmente y controlados socialmente” (Bourdieu; 2005). Si tuviéramos que desarticular esta frase, las palabras a destacar serían GUSTO y CULTURA.
Siguiendo a Bourdieu, el primer término constituye un comportamiento de consumo y la expresión de una clase social a la que pertenece, mientras que el concepto cultura, se puede explicar de diferentes maneras, de acuerdo a la intencionalidad de quien va a utilizar este término.
Cuando Pierre Bourdieu habla del gusto, lo explica en un sentido social, como un elemento que permite generalizar las relaciones en una sociedad y los aspectos culturales que las definen.
Para sumar nuevas ideas que contribuyan al tema del gusto, y la conformación de hábitos alimenticios por parte de las personas, se realizó una entrevista semiestructurada con la antropóloga e Investigadora del CONICET, Marién Béguelin, quien propone, entre sus ideas, que la comida constituye un fenómeno social y cultural.
Los hábitos alimentarios hacen referencia a cómo nos alimentamos en el día a día, la forma en que lo hacemos, los alimentos que seleccionamos, su forma de preparación y combinación, en este accionar intervienen diversos factores que pueden influir tales como la religión, la cultura, la economía familiar, salud, y un gran etcétera. La conducta y los hábitos que influyen en las preferencias de alimentos se adquieren de forma gradual desde la infancia hasta la adolescencia.
La adquisición o abandono de hábitos, en los adolescentes, dependen de los patrones de alimentación social donde en ocasiones se sustituye las comidas por "picoteos" y fast foodconsumidas fuera del hogar.
Los alimentos son los que le dan una identidad al adolescente, lo que le permite formar parte de un grupo social que va a influenciar mucho en su comportamiento y la elección de las comidas.
Otros hábitos son de carácter sociocultural, como el consumo de medios masivos de comunicación (tv, redes sociales, etc) donde el marketing y la publicidad transmiten mensajes de consumo de alimentos, ideales de estética y belleza, dietas fit, etc, a los que el adolescente está constantemente expuesto y por lo tanto es más susceptible para engañar.
Todos los cambios que se experimentan en la adolescencia se encuentran relacionados directamente con la nutrición y una alimentación recomendable, adecuada, suficiente, equilibrada, higiénica, variada y accesible que dará como resultado en la mayoría de los casos un individuo adulto sano.
La alimentación en los adolescentes debe estructurarse siguiendo un patrón alimentario que sea suficiente para cubrir las exigencias del organismo contribuyendo a mantener su equilibrio; ingiriendo variedad de alimentos con proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales.
Para nuestra investigación se han seleccionado el rango de edad comprendido entre los 12 a los 18 años, ya que se consideraron corresponden a alumnos de Nivel Medio Escolar. Cabe destacar que este es solo un recorte que se ha realizado por parte de los investigadores para profundizar en las edades estándar para esta etapa escolar, sin desconocer la existencia de alumnos con edades más diversas. Como resultado del trabajo realizado con este grupo de alumnos, se recogieron las siguientes conclusiones:
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De las encuestas realizadas se obtuvo como resultado que la mayoría de los adolescente de la escuela media, tanto públicas como privada, excluían alimentos que coincide con aquellos que la escuela proporciona en mayor medida (Harinas y Azúcares, galletitas, pan y golosinas). Aunque los alumnos encuestados en las escuelas públicas aseguran que lo que más comen en la escuela son golosinas (37,7%) y en segundo lugar, frutas (31,8%); siendo menor el porcentaje de alumnos que aseguran consumir pan y galletitas, con el 12,3% y 7, 8% respectivamente.
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Entre las comidas diarias, el almuerzo es la instancia en que más alumnos de las escuelas públicas coinciden realizar regularmente (89%), seguido por la cena (57,1%), el desayuno (50%) y, la merienda (32%). Mientras que en las privadas los resultados muestran que el almuerzo (93%) y la cena (86%) son realizadas de manera regular, seguidas por la merienda y el desayuno (ambas con 69%)
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El 42,9% de los alumnos de escuelas públicas y alrededor del 44% de las escuelas privadas, aseguran excluir algún alimento de su dieta diaria.
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Entre los motivos que más eligieron los estudiantes, correspondientes a las escuelas públicas, para justificar su omisión se encuentran: salud (34,8%) y el gusto (31,8%). mientras que los resultados de las encuestas realizadas en la escuela privada muestran que justifican su omisión por salud (38,5%), seguidos por la estética y el gusto (ambos coincidentes en un 23,1%), es decir que aceptan que parte del hecho de no consumir ciertos alimentos se debe a que buscan una estética particular.
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Aproximadamente, cuatro de cada diez alumnos se muestran disconformes con su peso actual.
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Podríamos pensar que además de los cambios que se dan durante la etapa adolescente, a nivel fisiológico, los cambios en las preferencias y hábitos se podrían describir y abordar dentro de las escuelas.
Dimensión antropológica y nutricional





